En un mundo interconectado, las economías nacionales están siempre expuestas a acontecimientos imprevistos que pueden alterar su trayectoria de crecimiento. Los shocks externos representan desafíos de gran envergadura, pero también ofrecen lecciones sobre la importancia de la anticipación y la capacidad de adaptarse rápidamente ante la adversidad.
Este artículo explora en profundidad el concepto, las consecuencias y las herramientas con las que gobiernos y empresas pueden reforzar su resiliencia antes de una crisis y acelerar la recuperación tras su estallido.
Concepto y rasgos clave de los shocks externos
Un shock externo en economía es un evento repentino y generalmente imprevisible, originado fuera del circuito habitual de la actividad nacional, pero con impacto significativo sobre la actividad económica. Su naturaleza exógena impide su control directo por parte de autoridades o agentes internos, incrementando el nivel de incertidumbre ante su llegada.
Entre sus rasgos más destacados se incluyen:
- Exogeneidad frente a las decisiones domésticas.
- Potencial para ser adverso o positivo, dependiendo de su origen y magnitud.
- Capacidad de desviar la economía de su trayectoria de producto potencial.
- Mayor daño cuando toma desprevenidos a gobiernos y empresas.
Tipología de shocks externos
Los shocks se clasifican habitualmente en tres grandes categorías según su origen y mecanismo de impacto:
Mecanismos de transmisión económica
Para comprender el recorrido de un shock externo hacia el interior de la economía, analizamos cuatro canales esenciales:
Canales comerciales: Las variaciones en precios y volumen de exportaciones modifican directamente el PIB y el empleo en sectores transables. Una mejora de términos de intercambio impulsa la demanda agregada, mientras que su empeoramiento la contrae.
Canales financieros: Las tasas de interés internacionales afectan el costo del crédito externo e interno, condicionando la inversión y el consumo duradero. La reducción súbita de flujos financieros intensifica las recesiones.
Canal cambiario: Un shock puede provocar depreciaciones de la moneda, encareciendo importaciones y presionando la inflación, aunque también mejora la competitividad de las exportaciones.
Canales reales internos: Menores exportaciones reducen la demanda agregada y la inversión, contrayendo el PIB. En contraste, shocks positivos de oferta (tecnología, reformas) elevan el producto potencial a largo plazo.
Evidencia empírica y casos de estudio
La literatura y la historia económica ofrecen múltiples ejemplos que ilustran la magnitud de los shocks externos y las respuestas exitosas:
Argentina (1980–2009): Un modelo SVEC muestra que los shocks de términos de intercambio tienen un efecto positivo y casi permanente sobre el PIB real, mientras que los de oferta agregada explican gran parte de las fluctuaciones del producto interno.
Perú: Los movimientos en precios de commodities y en tasas internacionales determinan los ciclos de recesión y expansión, afectando tanto la actividad como la oferta de crédito.
Crisis financiera global de 2008: El colapso de los mercados financieros aumentó la aversión al riesgo; las economías con respuestas rápidas y coordinadas se recuperaron mucho antes.
COVID-19: La pandemia actuó como un shock total, golpeando oferta y demanda. Programas como Next Generation EU y el Plan de Recuperación español demostraron la eficacia de paquetes fiscales y monetarios flexibles.
Región del Caribe: La combinación de alzas en precios de alimentos y energía, junto con la pandemia, ha prolongado la recuperación, mostrando la vulnerabilidad de economías intensivas en importaciones.
Estrategias de preparación: construyendo resiliencia ex ante
La resiliencia económica se define como la capacidad de absorber, adaptarse y recuperar niveles de empleo, producción y bienestar de manera rápida. Para reforzarla se recomiendan:
- Acumular reservas internacionales y fondos de estabilización.
- Diversificar la canasta exportadora y fortalecer cadenas de valor internas.
- Implementar marcos fiscales y monetarios orientados al ciclo económico.
- Diseñar redes de protección social que amortigüen el golpe sobre hogares vulnerables.
Estas medidas permiten mitigar el impacto inicial, ganar tiempo para ajustar políticas y reducir la volatilidad macroeconómica.
Recuperación y respuesta ex post: reconstrucción y adaptación
Una vez superado el shock, la atención se traslada a restablecer el ritmo de crecimiento y mejorar las estructuras afectadas. Las estrategias clave incluyen:
- Programas de estímulo fiscal dirigidos a sectores más golpeados.
- Refuerzo de los sistemas financieros y mejora de la regulación bancaria.
- Inversiones en infraestructuras resilientes y sostenibles.
- Capacitación y reorientación de la fuerza laboral hacia actividades emergentes.
La coordinación internacional resulta esencial para compartir experiencias, movilizar financiamiento y asegurar una recuperación global equilibrada.
En última instancia, la gestión exitosa de shocks externos requiere un enfoque integrado: anticipación para protegerse, respuesta pronta para estabilizar y reconstrucción estratégica para emerger más fuertes. Solo así las economías podrán navegar con éxito por las tormentas inesperadas del entorno global.